MANUEL FERNÁNDEZ SANTAMARÍA, CRISTINA GARCÍA FERNÁNDEZ - 2º de E.Secundaria.

 

Concurso de Redacción "Marino Gutiérrez Suárez"

 


Foto de los ganadores en la entrega de premios
(pincha sobre la foto para ampliar la imagen)

 

En el V Concurso de Redacción "Marino Gutiérrez Suárez", convocado por la Fundación del mismo nombre, para los escolares de E. Secundaria Obligatoria del Principado de Asturias, resultaron premiados dos alumnos de nuestro colegio en la categoría A (1º y 2º de ESO).

El primer premio fue para Manuel Fernández Santamaría (en la foto, segundo por la derecha), por el trabajo titulado "Las verdades del mundo", donde narra la dudosa superioridad de los humanos en cuestiones de solidaridad.

El segundo premio fue para Cristina García Fernández (en la foto, segunda por la izquierda), por el trabajo titulado "Algo revelador", donde expone una realidad muy diferente al día a día de la que una inmensa mayoría estamos acostumbrados.

La entrega de los galardones tuvo lugar el domingo 12 de Febrero de 2006, en el Nuevo Teatro de La Felguera, donde los participantes leyeron sus trabajos ante la presencia de las autoridades municipales, representantes de la Fundación y público en general.

     
 

LAS VERDADES DEL MUNDO
Manuel Fernández Santamaría

A pesar de que presumimos de ser inteligentes, a pesar de que decimos que somos la especie dominante, que hemos evolucionado y que ya no somos animales y que somos mucho mejor que ellos, yo creo que deberíamos repasar nuestro currículum sobre la amistad, la solidaridad y en lo que presumimos de haber mejorado mucho: ¡la Humanidad!

Esto que digo se manifiesta todos los días y lo puedo demostrar.

“Todos los países somos amigos”. ¡YO digo que es falso! Si fuese verdad, ¿por qué existen las guerras?, ¿y las fronteras?, ¿y los problemas de inmigración?, ¿y las deudas?

“Somos muy tolerantes”. ¡¡Mentira!! Reconozco que es cierto que hay gente que sí es tolerante, pero ¿acaso no es verdad que miramos por encima del hombro a los “negros”, “gays”, extranjeros, gente de otras culturas…?

“La amistad reina entre nosotros”: ¡No! Todos (o casi todos) nos arrimamos al sol que más calienta.

Volviendo al principio, ya no somos animales irracionales, pero en algunas cosas deberíamos aprender de ellos.

Nosotros, a pesar de ser de la misma especie, nos matamos o herimos unos a otros porque sí, cosa que los animales no suelen hacer; hay gente que abandona a sus pobres e inocentes hijos; los mamíferos, los animales que más se parecen a nosotros, la mayoría los cuida hasta que pueden defenderse y son capaces de cuidar de sí mismos.

Espero que esto que os digo os haya interesado o que intentéis cambiar gracias a mis palabras, porque yo sí lo haré. Porque, a pesar de todo, he de reconocer que ésa es nuestra naturaleza aunque no nos guste. Pero, hay algo en nuestra forma de ser que me encanta, se llama perdón y también hay otras cosas que me gustan: la amistad, el amor…

Como apunta un dicho: “Errar es humano; perdonar, divino”…
 

 
     
     
 

ALGO REVELADOR
Cristina García Fernández

Todos los días me pregunto cómo sería mi vida si viviera en otro lugar, cómo serían mi casa, mi familia, incluso mi colegio. Mi padre piensa que esto se debe al exceso de televisión, pero yo lo encuentro lógico en una persona de mi edad.

Hace dos noches soñé algo que cambiaría mi forma de pensar para siempre. Para que podáis entenderlo mejor os lo contaré:

Como cada mañana me levanté con mal humor, eso de ir al cole no creo que le guste a nadie. Aturdida y con las sábanas todavía pegadas me dirigí a la cocina, con poca gana preparé el desayuno y puse la tostadora para que calentase un poco. Después de ducharme y desayunar fui corriendo al cole, como siempre llegaba tarde.

- ¿Qué tal llevas lo de Ciencias? me preguntó Paula.

A lo que por supuesto respondí:

- Bien, supongo.

Todo parecía normal, nada extraño hasta el momento. Entonces asomó por la puerta de entrada la cabeza de un profesor, un profesor que no había visto en mi vida, este nos dijo que fuéramos entrando y que al llegar a clase esperáramos de pie.

¿Quién es? pregunté.

Pero nadie me respondió. Al ver que nadie me hacia caso subí a clase y esperé de pie como nos había dicho el profesor. Poco más tarde llegaron mis compañeros. Al ver que el profesor no llegaba todos pensamos que se habían cancelado las clases. Pero poco después apareció el hombre que había visto antes, y nos dijo:

-   Hola soy Javier, el nuevo profesor de Apreciamiento.

No tenía ni idea de qué era eso, pero me senté y escuche lo que nos iba diciendo. Al parecer teníamos que ponernos una especie de máscara electrónica en la cara, y me extrañó que nadie dijera nada, era como si ya lo hubiesen hecho antes.

Eso era lo único que recordaba con claridad, a partir de ahí creo que fue esto lo que pasó. Aparecí en una calle con la ropa sucia y llena de remiendos. Todas las personas parecían tristes, una señora pedía limosna y otro alimento. No sabía dónde estaba, así que le pregunté a un hombre que parecía un poco más alegre:

Perdone señor, ¿dónde estoy?

No te hagas la tonta, sólo quieres que te dé limosna (algo normal a juzgar por mi aspecto).

No, perdone, sólo quiero saber dónde estoy.

El hombre me respondió antipáticamente que estábamos en África. Y yo eché una carcajada enorme, ¡cómo podía estar en África! era evidente que ese hombre me estaba tomando el pelo. Pero cada vez que le preguntaba a alguien, todos me decían lo mismo, que estábamos en un pequeño pueblo de África con un nombre muy extraño.

En ese momento apareció de la nada el profesor de esa asignatura nueva tan rara. Y me preguntó si me gustaba lo que veía. Cómo me iba a gustar un sitio en el que las personas deambulaban desesperadas por conseguir algo que comer y que te miraban con una expresión que ahora mismo no sabría explicar. Así que le pregunté qué era lo que pasaba, no entendía nada de nada. Y me dijo con cara de satisfacción:

- ¿No querías saber cómo era vivir en otro lugar y con otra gente?, pues aquí lo tienes, todo tuyo.

- Pero no pensará dejarme aquí ¿verdad?

- Sólo hasta que te des cuenta de lo afortunada que eres.

En ese momento desapareció y yo me eché a llorar. ¡Cómo era posible que algo así me estuviera pasando!. Quería llamar a mis padres, pero me di cuenta de que no tenía mi móvil, y que mis padres probablemente no serían mis padres. Intenté pedir ayuda pero todo el mundo tenía bastantes problemas como para ocuparse de uno más.

Fue entonces cuando me di cuenta de lo mal que lo tenía que pasar la gente que estaba en mi situación. Y deseé estar en casa con mis padres, calentita y con todo lo que quisiera al alcance de la mano. Cerré los ojos y cuando los volví a abrir, estaba otra vez en el colegio. Alguien hablaba:

- Bueno, espero que la clase de hoy os haya gustado, la próxima semana iremos a Guatemala. Hasta la próxima clase.

De inmediato sonó la campana, cambio de clase. No me lo podía creer…

Y en ese momento desperté. Me levanté contenta por volver a estar en casa. Ahora me sentía feliz y juré que si alguien me preguntaba que si me gustaba el lugar donde vivía, yo le respondería entusiasmada; ¡no hay un sitio mejor!, te lo garantizo.

 

 

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