Cuando necesito escapar
de esta oscura y larga noche,
observo tu valentía
frente a la soledad que te inunda.
Me asombro al recordar
esa fuerza que muestras
a la gente que te admira,
y te ayuda en el largo camino
que tienes que afrontar.
Mi pequeña, no llores
porque se acabe,
pronto volverás a hacerme libre
y dejarás que la brisa de tus ropajes
me haga sentirme
esa niña que un día fui.
Tantas cosas aprendimos juntas,
tantas veces tus manos
acariciaron las lágrimas
de una añoranza
que más tarde vendría...
Dime, amiga mía,
¿por qué aquí sin brisa y sin libertad
la soledad roba mis palabras
y construye en el silencio
una gota de esperanza?.